28 oct. 2016

Cómo motivar a tus alumnos a aprender en cinco pasos




La motivación es un ingrediente esencial en el aprendizaje y, en ocasiones, uno de los más complicados de conseguir en el aula. Un alumno desmotivado no escucha, no se esfuerza, pierde interés y puede llegar a dificultar el desarrollo de la clase. Te damos claves para motivar a tus alumnos, ayudarles a encontrar lo que les apasiona y despertar en ellos las ganas de aprender, en cinco sencillos pasos.

CINCO PASOS PARA MEJORAR LA MOTIVACIÓN

1. Busca lo que les apasiona. 
Puede ser un tema en concreto, un método de aprendizaje, un espacio de trabajo… Se trata de buscar aquello que encienda la chispa de la motivación, algo que llame su atención y despierte el interés por aprender. Escucha y conoce a tus alumnos para descubrir su pasión y ayudarles también a ellos a reconocerla. Una buena herramienta es la aplicación de la teoría de las inteligencias múltiples en el aula, que permite poner en prácticas estrategias didácticas diferenciadas, según la inteligencia que esté más desarrollada en el alumno o según la que se quiera trabajar. Aquí tienes ideas y recursos para probarla en clase. 

2. Plantea el aprendizaje como un descubrimiento. 
Animar a los alumnos a que participen, crear expectativas con una meta atractiva e implicarles en el proceso de aprendizaje es clave para motivarles. El trabajo por proyectos, por ejemplo, es una estupenda opción y, además, al colaborar e investigar en equipo con otros alumnos, puede contribuir a aumentar su motivación. La iniciativa 20-Time, que propone a los estudiantes dedicar un 20 por ciento del horario escolar a sus propios proyectos personales, también es una idea muy interesante.

3. Enfoca el contenido desde la práctica. 
Siempre que sea posible, relaciona el aprendizaje con la realidad cercana de tus estudiantes, de modo que sean capaces de ver la utilidad de aquello que están aprendiendo. Así es mucho más fácil que se impliquen y se interesen y recordarán y afianzarán lo aprendido de manera mucho más eficaz. Por ejemplo, repasa química con experimentos y objetos cotidianos, enseña física en el parque de atracciones o muestra el lado más divertido y práctico de las matemáticas con retos y enigmas de la vida cotidiana.

4. Utiliza las TIC. 
Tus alumnos son nativos digitales y las TIC llaman su atención de forma natural. Puedes aprovechar este interés y apoyarte en las nuevas tecnologías para presentar los temas en el aula, completar los contenidos o trabajarlos de una forma diferente. Pero, sobre todo, anima a tus alumnos a utilizarlas para aprender: documentarse, practicar lo aprendido, ampliar conocimientos, llevar a cabo proyectos y experiencias… En nuestro blog tienes multitud de recursos para todas las asignaturas y temas,  ideas para usar en clase las nuevas tecnologías –desde las redes sociales hasta los videos de Youtube–, que pueden ayudarte a sacar todo el partido educativo a las TIC.

5. Practica el refuerzo positivo. 

Un niño desmotivado puede estar también desilusionado y desanimado porque le resulta difícil mantener el ritmo de la clase, no mejora sus calificaciones o no resuelve bien los trabajos de clase. Puedes contribuir a romper ese círculo vicioso desmotivación-fracaso mediante el refuerzo positivo y el apoyo a conductas o actitudes positivas, para valorar más que los resultados. De este modo estarás animando a tus alumnos a seguir intentándolo, aprender de los fracasos y buscar soluciones sin rendirse. Reconoce el trabajo de aquellos alumnos a los que les cuesta más avanzar y premia el esfuerzo. Puedes utilizar los sistemas de recompensa que se aplican en la gamificación, como ClassDojo OpenBadges.


Fuente bibliográfica
Cómo motivar a tus alumnos a aprender en cinco pasos. aulaPlaneta [en línea], 2016. [Consulta: 28 octubre 2016]. Disponible en: index.html. 


22 oct. 2016

Los libros más difíciles de leer y que casi nadie termina

Por: Victoria Pérez



No necesariamente por su longitud, estos son los libros más difíciles de leer.

Si lees asiduamente habrás notado que hay una gran diferencia entre un libro que es largo y un libro difícil. A veces comenzamos a leer una obra corta pensando que por esto será fácil y no llegamos a terminarla porque nos resultó aburrida, no era lo que esperábamos, tiene una prosa árida o es demasiado compleja. Otras veces insistimos para evitar esa mezcla de culpa y sensación de negligencia que cae sobre ti cuando te rindes. Sin embargo, da igual que ese libro a penas llegase a las doscientas páginas y seamos lectores de ochocientas para arriba, hay algunos imposibles de terminar e insistir sólo prolonga la tortura.

En palabras del novelista británico Nick Hornby, no es bueno leer libros que no te gustan porque «cada vez que seguimos leyendo sin ganas reforzamos la idea de que leer es una obligación y ver la tele es un placer». También está Kingsley Amis quien dice que «la vida es demasiado corta para leer libros malos».

Hoy recopilamos tres de los libros que tienen fama de ser los más difíciles de leer, veamos si estás de acuerdo.


Ulises, de James Joyce

libro dificil

En casi todas las listas de las obras literarias más abandonadas, pero también entre los clásicos que puedes llegar a amar, está Ulises.
 Lo cierto es que cuando James Joyce terminó de escribir su libro, manifestó estar tan exhausto que no escribió una línea más en todo un año y eso es mucho decir.

Según el estudioso Harry Levin, las claves para la comprensión de esta novela son su simbolismo épico, basado en La Odisea de Homero, y también su atmósfera naturalista, fiel reflejo de la ciudad de Dublín.

Umberto Eco directamente opinaba que «Ulysses es el libro en el que se procede a la destrucción del mundo».
  
Reconozco que se necesita una siesta después cada cuarenta páginas de Ulises y es de los pocos libros en los que recomiendo leer también los resúmenes y reseñas de algún estudioso para comprender lo que está pasando en la lectura. Narra un sólo día de la vida del protagonista pero hay tantos simbolismos y paralelismos retóricos que se hace imposible no perderse. A mi no me parece imposible de terminar, pero la verdad, casi.

Finnegans Wake, de James Joyce

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Sí, otro de James Joyce. Este autor en general es especialmente complicado. Este libro concretamente, tiene el segundo puesto en la lista de los más difíciles de Goodreads, la red social sobre libros, justo debajo de Ulises. 

La crítica está totalmente polarizada, hay quien lo ve como una broma de mal gusto y otros como una novela de la más alta calidad artística. Yo en lo que no estoy de acuerdo es que esta se encuentre por debajo de Ulises en dificultad y no al revés porque el primero lo pude terminar y este no.

Claramente es una novela experimental, tardó diecisiete años en escribirla, pero fue en gran parte en un lenguaje inventado, fruto de la mezcla de unidades léxicas inglesas con neologismos y otros elementos lingüísticos que hacen sumamente difícil comprenderlo, incluso para un nativo. A causa de esto mismo, también se decía que era intraducible, por lo cual era obligatorio leerla en su versión original y yo misma desistí. Sin embargo, la editorial independiente El Cuenco de Plata publicó este año en Argentina la primera versión íntegra en castellano de la novela. Y quizás ahora pueda intentarlo de nuevo.

De todas formas, la verdad es esta: sólo ha existido una persona capaz de entender en su totalidad el Finnegans Wake, se llamaba James Joyce y después de él no habrá otra persona.


El arco iris de la gravedad, de THomas Pynchon

Simpson Pynchon

Novela compleja y larga (más de mil páginas en hispano), con muchísmos personajes que aparecen y desaparecen. Se ambienta en Europa a finales de la Segunda Guerra Mundial y se centra en el diseño, la producción y el lanzamiento del cohete V-2 por el ejército alemán.

Según El Time, está entre las cien mejores novelas de la historia y según el New York Times es una de las más largas, difíciles y ambiciosas novelas que se han escrito. Fue rechazada por el jurado del Premio Pulitzer por considerarla obscena, pero ganó el National Book Award después. Muchos consideran a su autor candidato para el Nobel, pero no se lo han dado.

El arco iris de la gravedad yo recomiendo leerla con un ordenador al lado, es el libro que más alusiones tiene por página que haya visto jamás, es imposible no tener que buscar cosas. También hay que aceptar que uno no lo va a entender todo y disfrutar los chistes (Pynchon incluye mucho humor irónico) porque no creo posible seguir todas las historias secundarias a la perfección la primera vez y en realidad sólo comprender en profundidad la trama principal ya es para estar orgulloso.

A la prosa de Pynchon la han catalogado de todo: paranoica, histérica, densa... Aunque no se le ha negado la trascendental importancia que tiene y ha aparecido hasta en Los Simpson; con una bolsa con un signo de interrogación permanentemente en la cabeza haciendo alusión a su aversión a la publicidad porque nunca ha hecho biografía ni concedió entrevistas. Tiene página de la Wikipedia pero ni siquiera ahí tiene foto en ninguno de los 57 lenguajes disponibles (sólo se conocen media docena de imágenes suyas y en su mayoría son de estudiante o recluta en la marina).

Los libros no son trofeos
Para terminar, hay que tener en cuanta que ciertos textos requieren de sus lectores más habilidad que la de descifrar los símbolos sobre el papel.

Simplemente son difíciles, no malos. Ningún escritor de nivel como los tres anteriores llega a donde está sin haber leído mucho y bien y escribir mucho y muy bien.

El problema, por tanto, no lo tienen las obras, sino que muchos lectores adultos son aún lectores juveniles en el sentido de que detienen su curiosidad en el momento que el texto presenta dificultades de interpretación o los intentan leer por el mero hecho de añadir un trofeo difícil a su colección.

Hay escritos para entretener, para emocionarse, para aprender y para ponerse a prueba, entre otros. Estos tres libros entran en esta última categoría pero ninguna de las tres obras se leen a la fuerza, están hechas para tratar de disfrutarlas y si no vas a tratar de disfrutarlas, es mejor que no las leas.


Fuente bibliográfica
PÉREZ, VICTORIA, 2016. Los libros más difíciles de leer y que casi nadie termina. Hipertextual [en línea]. [Consulta: 23 octubre 2016]. Disponible en: https://hipertextual.com/2016/09/libro-dificil-leer. 



https://hipertextual.com/2016/09/libro-dificil-leer

El estrés bueno: cómo usarlo como aliado

Por: Raquel Beer



Nuevos estudios muestran que la tensión puede ser convertida en un agente motivador.


“No es el estrés lo que nos mata, sino la forma en la que reaccionamos a él”, escribió hace sesenta años el endocrinólogo húngaro Hans Selye en el libro “Estrés, la tensión de la vida”. La máxima de hoy día puede provocar extrañeza si tenemos en cuenta, por ejemplo, que de acuerdo con la Asociación Americana de Psicología, el estrés crónico se relaciona con las seis mayores causas de muerte: trastornos cardíacos, cáncer, enfermedades pulmonares, accidentes, cirrosis y suicidio. Además, una encuesta hecha por la Asociación Internacional de Manejo del Estrés indica que el 72% de las personas laboralmente activas sufre de estrés crónico.

Pero frente a esta catarata de malas novedades vale prestar atención a los estudios que, en lugar de centrarse en los efectos negativos de la presión extrema, fijan su lupa investigativa en las consecuencias beneficiosas para la salud que el estrés puede aportar.

El libro lanzado recientemente “El test del estrés”, escrito por el neurocientífico irlandés Ian Robertson, fundador del Trinity College Institute of Neuroscience, se refiere a eso: a cómo caminar sobre las piedras de la tensión no solo sobreviviendo a ella, sino también aprovechándola.

Historia de presiones
El consenso dentro de la comunidad científica es, desde los años ´50 del siglo pasado, que el estrés perjudica a la salud, tanto física como mental. En un estadio crónico, puede afectar el funcionamiento del cerebro, suprimir la actividad de la tiroides, disminuir la densidad ósea, aumentar la presión sanguínea, debilitar la capacidad de defensa del sistema inmune, y provocar desbalances en el nivel de la glucosa.

Estudios llevados a cabo por Hans Selye, sin embargo, muestran que hay dos tipos de estrés: uno al que podría denominarse como malo (el distrés), que tiene un efecto paralizador y depresivo, y otro, el estrés bueno o eustrés, que puede actuar como un agente motivador y energizante.

Luego de pasadas décadas de los trabajos realizados por el endocrinólogo húngaro (en los años ´80), surgieron las primeras evidencias de que el cerebro no es un órgano inmutable sino que, por el contrario, se transforma a partir de las experiencias que tienen las personas a lo largo de su vida.

Más recientemente, ensayos hechos en el área de la epigenética confirmaron que lo mismo sucede con los genes: ellos pueden alterar su actividad como una forma de reacción a estímulos externos (por ejemplo, los que provocan estrés). Basándose en esas comprobaciones científicas es que Ian Robertson decidió investigar si, controlando las emociones y pensamientos, cualquier personas podría transformar al estrés villano en un aliado.

Para avanzar en su tesis, Robertson tuvo que estudiar de manera unificada el cerebro, clasificado por él como “hardware”, y la mente, que correspondería, en su definición, al “software”. Según el neurocientífico cognitivo (que trabajó como psicólogo durante años) fue justamente el foco exclusivo en el software el responsable de que se esté consumiendo una cantidad tan elevada de antidepresivos en los últimos años.

“Las personas recurren a esos medicamentos cuando no se sienten en control de sus propias emociones y pensamientos”, explica Robertson. “Es necesario entender que nosotros somos los pilotos de esa máquina increíble que es el cerebro y, con la práctica, podemos aprender a controlarla, como así también podemos controlar a nuestras emociones”.

La explicación científica acerca de por qué el estrés puede ser procesado a veces como algo positivo y a veces como un elemento negativo está en la parte del cerebro que es activada en una situación de tensión, puesto que cada una de ellas responde por ciertas funciones.

Entre otras actividades, el lóbulo frontal regula esas acciones. Él es el que logra que las personas actúen dentro de las normas sociales, sin importar lo que estén sintiendo. El lado izquierdo está ligado a la iniciativa, y su principal neurotransmisor es la dopamina, hormona del bienestar. Mientras, el lado derecho se vincula a la inhibición de acciones y una de sus principales hormonas es la noradrenalina, relacionada con el sistema de alerta.

Lo que los investigadores verificaron es que, cuando el lado izquierdo del cerebro se activa, el nivel de cortisol (la denominada hormona del estrés) es menor que cuando se da la situación contraria. Según Robertson, hay técnicas capaces de activar el lado izquierdo del cerebro aún en momentos de alta presión, lo que logra que el estrés asuma, entonces, un carácter positivo.

Consejos. Entre otros, en “El test del estrés”), de Robertson, hay algunas acciones muy simples que ayudan a soportar el estrés, o mejor dicho a canalizarse de un modo menos negativo, y que cada persona puede poner en marcha a diario.

Uno de ellos es, simplemente, apretar una pelota de goma dura con la mano derecha por algunos minutos. ¿Por qué eso es bueno y no un mito? Porque activa el lado izquierdo del lóbulo frontal liberando dopamina, la hormona del bienestar.

Algo fundamental para esquivar el distrés es establecer objetivos pequeños y alcanzables para cumplir una meta más exigente. Y esto hace bien porque cuando una persona se atiene a un propósito el lado izquierdo del cerebro, que se inclina a satisfacerse con recompensas, entra en actividad.

También corporalmente es importante luchar contra el estrés. Algo simple es adoptar lo que los especialistas denominan “pose de poder”: cabeza levantada, postura erguida y relajada, brazos a lo largo del cuerpo, sin tensiones. Algo tan simple como colocar el cuerpo de ese modo hace que el lado izquierdo del cerebro se active y, así, influye para que la persona se sienta confiada.

Un punto fundamental en la lucha contidiana contra el estrés “malo” es concentrarse en lo que uno está haciendo cada vez. Con esto se evita que la mente se sumerja en recuerdos o pensamientos negativos.

Es fundamental, además de estos pocos puntos, interpretar los sentimientos de manera positiva. Por ejemplo: en lugar de llegar a la conclusión de que uno está nervioso, es factible suponer que lo que uno está sintiendo es un gran caudal de energía. Esto es beneficioso porque quien encara una actividad como un desafío y no como un problema seguirá animado y con eso estará activando el lóbulo izquierdo del cerebro, y con eso el área de recompensa y buen ánimo.

Polémica
Considerar el funcionamiento del cerebro y de la mente de ese modo, y analizar los efectos del estrés sobre el ser humano de ese modo, pueden sonar como argumentos y herramientas reduccionistas. El mismo Robertson concuerda en que sus ideas no representan la totalidad de la explicación del problema, y aún así enfatiza que ellas son una parte fundamental del problema.
“Está claro que para escribir mi libro fue preciso simplificar las cosas, como el rol de los lóbulos frontales en nuestra reacción frente al estrés y el hecho de que haya un menor índice de cortisol cuando el lado izquierdo es activado son puntos que están comprobados de manera científica”, asegura el neurocientífico irlandés.


Aún cuando los hallazgos y la propuesta de Robertson sea apenas una fracción de lo que implica manejar el estrés, sus estudios revelan algunos de los caminos capaces de tornar verdadera otra máxima, esta vez establecida por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en “El crepúsculo de los ídolos”, escrito en 1889: “Lo que no me mata me fortalece”.

Fuente bibliográfica
BEER, RAQUEL, [sin fecha]. El estrés bueno | Revista Noticias. [en línea]. [Consulta: 22 octubre 2016]. Disponible en: http://noticias.perfil.com/2016/10/16/el-estres-bueno-como-usarlo-como-aliado/00_ciencia-4/. 

21 oct. 2016

7 frases magníficas de los libros más leídos


Por: Bertrand Regader



Los libros inspiran nuestros pensamientos y alimentan nuestras emociones, sus palabras son como gotas de rocío destiladas para alimentar nuestra alma. Como el elixir de los dioses que alimenta su inmortalidad.


Frases y reflexiones de obras literarias muy conocidas
Las siete reflexiones siguientes pertenecen a siete grandes best-seller a nivel internacional. Una selección de frases de libros que te harán pensar en algunos aspectos interesantes de la existencia humana.

1. El Principito (Antoine de Saint-Exupèry)

Frase: “Y cuando te hayas consolado, te alegrarás de haberme conocido.”

Nuestra forma de ser es el resultado de nuestras vivencias, de nuestras experiencias vitales, tanto las buenas como las malas, digamos que las experiencias que vivimos en el transcurso de la vida son como la marea que esculpe el acantilado incesantemente de sacudida en sacudida. De igual modo, las personas que han influido en en nuestra vida, hayan sido buenas o malas, han dado relieve a nuestra personalidad y han marcado nuestro camino. Esos pequeños matices como marcas indelebles en nuestro ser son los que nos han definido como individuos únicos y diferentes unos de entre otros.

2. El Perfume (Patrick Süskind)

Frase: “Crearía un perfume que no sólo fuera humano, sino sobrehumano.
Un aroma de ángel, tan indescriptiblemente bueno y pletórico de vigor que quien lo oliera quedaría hechizado y no tendría más remedio que amar a la persona que lo llevara, o sea, amarle a él, Grenouille, con todo su corazón.”

Como seres humanos que somos, sentimos la necesidad de sentir y recibir amor por parte de otros, sentimos la necesidad de ser aceptados como individuos y de que nuestros méritos y logros sean recompensados con el amor de los demás. Todos desearíamos que de nosotros mismos emanara ese aroma etéreo que embriagara el corazón de tantos nos rodean.

3. El Diario de Ana Frank (Ana Frank)

Frase: “¡Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo!”

Esta cita del famoso diario de Ana Frank viene a decirnos, básicamente, que lo más importante y lo más difícil es dar el primer paso. Es el momento de empezar el más  delicado y forzoso, en el cual hay que cuidar de que todos lo elementos queden adecuadamente equilibrados. De otra manera, la indolencia nos hace perezosos y las ideas quedan en buenos propósitos, estancados en nuestra mente y que jamás serán realmente materializados.

4. Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes)

Frase: “Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.”

Como bien ilustra esta frase de Miguel de Cervantes, la diferencia entre deseo y amor es tácita, mientras el deseo surge de la pasión y por ende nos hace seres egoístas. El amor es una cosa totalmente diferente, esta es una fuerza que da sin esperar a obtener recompensa ya que el amor en si mismo es la recompensa y el fin, muy contrario al deseo que parte de lo que se desea y solo se materializa una vez alcanzado y mientras no lo logremos será la fuente de nuestra frustración y sufrimiento.

5. Historia de dos Ciudades (Charles Dickens)

Frase: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación.”

Es cierto que en el transcurso del devenir, la lucha por la igualdad de derechos ha estado siempre presente en la humanidad, desde la edad antigua y el feudalismo de la edad oscura, pasando por la lucha obrera de los siglos XIX y XX hasta la actualidad, todos ellos con la misma finalidad de acabar con dicha desigualdad. No obstante igualdad de derechos no es sinónimo de igualdad en todo para todos, son las diferencias y los matices entre las personas lo  que realmente aporta riqueza a nuestra vida y a la sociedad en su conjunto. Sin estas diferencias seríamos como una masa amorfa e indeterminada. En la mitología clásica Urano (el cielo) envolvía y yacía con Rea (la tierra), impidiendo que los vástagos de esta nacieran, de tal forma que no había firmamento y todo era confusión y caos.

6. El Nombre de la Rosa (Umberto Eco)

Frase: “Nada hay en el mundo, ni hombre ni diablo ni cosa alguna, que sea para mí tan sospechoso como el amor, pues éste penetra en el alma más que cualquier otra cosa. Nada hay que ocupe y ate más al corazón que el amor. Por eso, cuando no dispone de armas para gobernarse, el alma se hunde, por el amor, en la más honda de las ruinas.”

Los actos más puros y nobles han sido impulsados por el amor, pero por el mismo amor también se han justificado los actos más execrables, utilizando a este como un móvil por el cual cualquier fin que nos sirva pueda ser empleado. El amor en ocasiones nubla nuestra mente y nos hace incapaces de sentir empatía, haciendo pagar así a muchos el precio a saber de nuestra noble causa.

7. El Señor de los Anillos (JRR Tolkien)

Frase: “No todo lo que es oro reluce, ni toda la gente errante anda perdida.”

Frecuentemente nos creamos una primera impresión de las personas que nos rodean, este juicio, sin embargo, puede ser equívoco y engañoso. Esta impresión determinará el modo de cómo nos relacionamos con estas personas y que inconscientemente buscamos confirmar.


Un ejemplo claro sería el pensar que por una o por tal cosa no caemos bien a alguien, pero este pensamiento puede ser erróneo y probablemente estemos alimentando que esta persona siga tratándonos de forma fría y esquiva, siendo nosotros mismos los provocadores de ese comportamiento. A fin y al cabo es la energía que irradiamos la que en gran parte determina cómo nos relacionamos con las demás personas. Son los prejuicios los que nublan la razón no pudiendo así ver la realidad como tal y son los que determinan nuestro destino. Como decía  Carl Gustav Jung, lo que no se hace consciente acontece como devenir.


Fuente bibliográfica
BERTRAND REGADER, 3 de octubre del 2016. 7 frases magníficas de los libros más leídos | Apuntes psicológicos de Bertrand Regader. [en línea]. [Consulta: 21 octubre 2016]. Disponible en: http://blogs.periodistadigital.com/apuntes-psicologicos/2016/10/03/frases-magnificas-libros-mas-leidos/. 

16 oct. 2016

¿Cuánto sabe tu médico?



El mayor acceso a la información sobre temas de salud nos vuelven pacientes más exigentes…¿están actualizados nuestros médicos?

  
Como pacientes ya habituados a googlear nuestros síntomas, lo que esperamos de nuestros médicos ha cambiado en los últimos tiempos. Ahora somos pacientes empoderados. Tenemos información. Hacemos los deberes, escribimos nuestra lista de preguntas para hacerle al doctor y llegamos a la consulta con una serie de expectativas y hasta respuestas sobre lo que nos pasa. Esto tiene un doble efecto: por un lado nos hace más comprometidos con nuestra salud, nos vuelve más exigentes y capaces de distinguir a los profesionales idóneos de aquellos que no lo serían tanto, y por el otro nos confronta con una realidad: el profesional puede o no estar enterado de la información que le llevamos e incluso puede desestimarla.

Lo cierto es que los avances científicos ocurren en distintos lugares del mundo, todos los días. Nuevas drogas, tratamientos más eficientes y cambios en la conceptualización de las condiciones de la salud y la enfermedad. Es imposible que un ser humano, por excelente profesional que sea, esté al tanto de todo.

Sin embargo, los profesionales no dejan - o no deberían dejar- de estudiar una vez que se reciben. En la carrera de grado y luego en la residencia hospitalaria, los médicos adquieren una formación general pero después deben pasar varios cursos que les van dando una mayor especialización y los dotan de más herramientas de trabajo. Sin la suficiente formación o experiencia, el riesgo es el de cometer errores que luego, obviamente, los paga el paciente.

Según la declaración de la Asociación Médica Mundial (AMM) "el médico debe esforzarse por continuar su educación médica a lo largo de su carrera", y en relación al desarrollo profesional continuo o la educación médica continua sostiene: "los programas educacionales son indispensables para el desarrollo profesional continuo del médico: estar al corriente del progreso de la medicina clínica y de la atención médica y mantener los conocimientos y la experiencia necesarias para prestar una atención de alta calidad. El objetivo de la educación médica continua es mantener al médico competente. Las escuelas de medicina, los hospitales y las sociedades profesionales comparten la responsabilidad de implementar programas de desarrollo profesional continuo y de ponerlos a disposición de todos los médicos. La demanda para que los médicos presten atención médica, realicen prevención de las enfermedades y proporcionen asesoría en materia de salud exige el más alto nivel de enseñanza médica universitaria y postuniversitaria, así como de desarrollo profesional continuo.


¿Te animás a preguntarle a tu médico cuando fue la última vez que hizo un curso de actualización?

"La actualización es un requisito vital para un profesional de la salud", señala Mirta Labora, Directora de las Jornadas de Capacitación Hospitalaria. "Por eso, desde hace quince años, con el apoyo y el auspicio de las más prestigiosas sociedades científicas de la Argentina, se organizan estos encuentros, que brindan la oportunidad no sólo de aprender, sino también de debatir las problemáticas que preocupan a los profesionales en un ámbito que propicia el encuentro, el intercambio y el debate", detalla. Y señala: "la exigencia de actualización vale para todos los profesionales de salud, no sólo los médicos, sino también los que trabajan en áreas de enfermería, diagnóstico por imágenes, incluso los administrativos, todos se deben formar continuamente".

 

¿Algunas preguntas para saber si tu médico es el mejor para vos?
Uno de los representantes de esta nueva generación de médicos que abogan por la capacitación permanente y la mejora de los procesos de comunicación con los pacientes es Diego Bernardini, médico de familia (UBA) y Doctor en Medicina por la Universidad de Salamanca (España). Director de Mayores.org y autor del libro "De Vuelta" sugiere algunas preguntas para elegir al médico adecuado.

1. ¿Hay espacio para poder hacerle preguntas durante la consulta? El hecho de dialogar con nuestro médico de familia, negociar y debatir las opciones terapéuticas más convenientes es parte del proceso de "toma de decisiones compartidas", y es una habilidad que todo buen médico debería poseer.

2. ¿Brinda opciones de tratamientos -con la explicación fácil de entender- de los pros y los contras de cada opción? La instancia de elegir y definir, como todas, contempla un objetivo que es lograr un buen resultado, pero también la preocupación que el paciente suele tener frente al hecho de decidir. Toda decisión encierra una carga de estrés o tensión. El riesgo cero no existe. Y en ese marco es clave entender que, en última instancia, es el paciente quien decide forma parte del respeto al "Principio de autonomía" y es uno de los principios de bioética que todo médico debe respetar.

3. ¿Muestra humildad? Los médicos que saben comunicarse con pacientes activos aceptan que no son los dueños del saber absoluto. Son los primeros en considerar que la mejor decisión para ellos no tiene por qué ser la mejor para el paciente.

4. ¿Acepta tomar decisiones compartidas? Frente a la posibilidad de decisiones consensuadas entran en juego factores como gestión de la información, técnicas de comunicación, y habilidades de negociación entre otras cuestiones. Hablar y considerar con el paciente lo que es mejor para él es un buen hábito para el médico.



Si dudás, una mejor educación ayuda a los profesionales a tomar las mejores decisiones para el bienestar de quienes buscan su consejo y ayuda, nosotros, los pacientes. Preguntarle al profesional si está actualizado en su especialidad, no debería darnos pudor.


Fuente bibliográfica
¿Cuánto sabe tu médico? [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 16 octubre 2016]. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1940298-cuanto-sabe-tu-medico. 

15 oct. 2016

Las 10 habilidades para la vida






El desarrollo de estas habilidades favorece que las personas sean capaces de elegir estilos de vida saludables

Las personas, como seres sociales, se ven obligadas a establecer relaciones con sus semejantes, ya sea en el entorno familiar, educativo, laboral o de ocio. Sin embargo, no siempre es fácil desenvolverse en un determinado contexto social. Y no es debido a la falta de capacidades, sino porque no se han adquirido las habilidades necesarias para hacerlo. Dentro del ámbito de la salud, se ha demostrado que enseñar a desarrollar estas habilidades es la forma más eficaz para establecer comportamientos saludables, tanto de manera individual como colectiva. A continuación se describe qué son y cuáles son las 10 habilidades para la vida.
¿Qué son las habilidades para la vida?

Definiciones que ilustren el significado de habilidades hay muchas. Algunos autores se refieren a ellas como las destrezas para conducirse por la vida de manera hábil y competente, dentro de las posibilidades sociales y culturales de cada uno: actúan como enlace entre los factores que motivan el conocimiento, las actitudes y los valores; promueven que se generen factores de protección frente a problemas psicosociales derivados del entorno; y ayudan a saber cómo enfrentarse a las exigencias y desafíos que la vida pone delante.

En general, se identifican tres clases de habilidades: las sociales o interpersonales (como la comunicación asertiva o la empatía), las cognitivas (como la toma de decisiones o el pensamiento crítico) y las habilidades para el manejo de las emociones (como el estrés).

Habilidades para la promoción de la salud
Las habilidades han sido adoptadas como estrategia de promoción de la salud, sobre todo en países de América Latina y Caribe, como línea de trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que en la década de los años 90 -y solo centrado en destrezas psicosociales- comenzó a difundir materiales pedagógicos diseñados en promover estas habilidades en los centros educativos.

A partir de entonces, la evidencia científica ha ido señalando que la enseñanza y el aprendizaje de estas habilidades son herramientas más eficaces para prevenir comportamientos dañinos, que las intervenciones aisladas dirigidas a problemas específicos. De hecho, la OMS reporta que los programas diseñados con el objetivo de que los adolescentes adquieran habilidades para una vida saludable, además de evitar el tabaquismo, mejoran las relaciones con los profesores y el rendimiento académico y disminuyen las faltas de asistencia al centro educativo. Incluso, han demostrado ser mediadoras en las conductas problemáticas.

Así, dentro del enfoque de promoción de salud, las habilidades para la vida inciden en los determinantes de salud -circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud, las políticas, la repartición del poder y los recursos- y favorecen que las personas sean capaces de elegir modos de vida saludables y un óptimo bienestar físico, social y psicológico. Por ejemplo, contribuyen a mejorar el entorno, a interactuar con los semejantes y a adquirir buenas prácticas de alimentación y actividad física, entre otras.

Las 10 habilidades, una a una
Según la OMS, las habilidades para la vida diaria son las siguientes: 

1. Autoconocimiento. Capacidad de conocerse, de saber las propias fortalezas, debilidades, actitudes, valores y recursos personales y sociales con que uno cuenta para la vida y para enfrentarse a la adversidad. Es descubrir aquello que se quiere y aquello que no.

2. Manejo de emociones y sentimientos. La habilidad para explorar las propias emociones y saber cómo gestionarlas influye en el comportamiento de las personas. Las de más difícil manejo, como la ira y la violencia, pueden tener resultados nocivos para la salud, sobre todo, en los más jóvenes.

3. Manejo de la tensión y el estrés. Es la habilidad de reconocer las circunstancias de la vida que causan estrés para afrontarlas de manera constructiva y eliminarlas o reducirlas de forma saludable.

4. Comunicación asertiva. Capacidad de expresar con claridad lo que se piensa, siente o necesita, autoafirmando los propios derechos, sin dejarse manipular ni manipular a los demás. Es la forma de comunicación más eficiente.

5. Empatía. La habilidad para imaginar cómo es la vida de otra persona y qué siente y ponerse en su lugar para comprender mejor sus reacciones, emociones y opiniones. Tener empatía ayuda a aceptar la diversidad y mejora las relaciones interpersonales. Ser empático también involucra las emociones propias: si se siente lo que sienten los demás es porque se comparten sentimientos.

6. Relaciones interpersonales. Capacidad de establecer y mantener relaciones interpersonales para interactuar de modo positivo con las personas de su entorno, sobre todo familiar, y, a la vez, terminar con las relaciones que sean tóxicas, esto es, que bloqueen el propio crecimiento personal.

7. Manejo de conflictos. Aceptando que el conflicto es parte de la condición humana, el reto está en desarrollar estrategias constructivas, es decir, que ayuden a manejarlos de manera que sean un estímulo para el desarrollo y favorezca el cambio y el crecimiento personal. Esta habilidad, en los jóvenes, ayuda a reducir la ansiedad.

8. Toma de decisiones. La habilidad de escoger ayuda a evaluar las posibilidades y a tener en cuenta las consecuencias asociadas a elecciones, tanto sobre uno mismo como en las personas del entorno.

9. Pensamiento creativo. Para tomar decisiones y solucionar conflictos es necesario explorar todas las alternativas y consecuencias, más allá de la propia experiencia personal.


10. Pensamiento crítico. Es la habilidad que permite analizar de manera objetiva la información disponible junto con la experiencia para llegar a conclusiones propias. Esto ayuda a los más jóvenes a reconocer qué factores influyen en su comportamiento, como los medios de comunicación o su grupo de iguales.

Fuente bibliográfica
ARBOIX, MONTSE, E.C., 2016. Las 10 habilidades para la vida. EROSKI CONSUMER [en línea]. [Consulta: 15 octubre 2016]. Disponible en: http://www.consumer.es/web/es/salud/psicologia/2016/09/16/224273.php?wt_mc=emailing_20161005_unico. 

9 oct. 2016

Breve compendio de bibliotecas perdidas




Todo lector apasionado tiene en su imaginación una biblioteca mítica sobre la que fantasear. Borges lo hizo durante toda su vida con la de Alejandría, más de uno dedicó su vida a encontrar la de Iván el Terrible, y numerosos escritores han recurrido a la inventiva para crear sus propias construcciones legendarias erigidas para albergar libros.

Cervantes nos detalló los volúmenes que atesoraba Don Quijote. Umberto Eco imaginó los de El nombre de la rosa y Julio Verne, los del capitán Nemo. Borges se asomó al abismo de una biblioteca infinita, hecha a imagen y semejanza del Universo. Ruiz Zafón ha catalogado los libros olvidados y J. K. Rowling se ha sacado de la chistera toda una biblioteca de libros mágicos. Y para libros mágicos -por cierto-, los que componen la Biblioteca de la Politécnica de Florida, donde todos los documentos archivados son digitales y no hay un solo papel tangible.

De todas las bibliotecas perdidas, la más célebre es la de Alejandría, quizá porque se sabe muy poco con certeza sobre su destrucción. Un primer incendio habría podido producirse cuando Julio César perseguía a Pompeyo; en él pudieron perderse 400.000 de los 900.000 manuscritos que se estima que contenía, si bien Séneca anota que sólo 40.000 rollos se vieron afectados por el fuego.

El hecho es que la biblioteca sobrevivió, pero sólo para sufrir sucesivos saqueos de romanos, cristianos y musulmanes antes de su desaparición definitiva en el siglo VII. Es conocida la sentencia de muerte del califa Umar ibn al-Jattab: "Si no contiene más que lo que hay en el Corán, es inútil y es preciso quemarla; si contiene algo más, es mala y también es preciso quemarla".

La segunda biblioteca en importancia del periodo helenístico, después de la de Alejandría, fue la de Pérgamo, especializada en filosofía -principalmente la estoica- a diferencia de aquella, que brilló por sus colecciones de literatura y crítica gramatical. Se cuenta, y Umberto Eco lo utilizó abiertamente en El nombre de la rosa, que en Pérgamo se guardaron sin publicarse durante 100 años los manuscritos de Aristóteles, y que únicamente cuando llegaron a Roma, la insistencia de Cicerón hizo que vieran la luz.

El arqueólogo ruso Ignatius Stelletskii se pasó toda la vida buscando la desaparecida biblioteca de Iván el Terrible, compuesta tanto por los muchos libros del propio zar como por los aportados al matrimonio por Sofia Paleologue, sobrina del último emperador bizantino. Entre éstos se encontraban, al parecer, gran parte de los volúmenes de la Biblioteca de Constantinopla -salvados antes de la caída de la ciudad en 1453- y algunos manuscritos de la mismísima Biblioteca de Alejandría.

Stelletskii llegó a excavar bajo el Kremlin en busca de tan magna colección, siguiendo unas pesquisas en las que antes se habían embarcado Pedro el Grande y varios representantes del Vaticano, éstos en los tiempos del regente y luego zar Borís Godunov. Ninguno tuvo éxito. Algunos creyeron que la biblioteca pudo haberse trasladado a otros lugares, como Dyakovo o Alexandrov, pero nadie ha dado hasta hoy con la pista correcta.

En el siglo XII, la universidad budista de Nalanda, en la India, considerada el principal centro de erudición de Asia, fue arrasada por los turcos. Parece ser que podía albergar hasta 10.000 alumnos. En su biblioteca había tantos manuscritos -millones, se asegura-, que, una vez iniciado el fuego, el conjunto tardó tres meses en arder por completo.

Cambiaron los tiempos, pero no las costumbres. La Gran Biblioteca de Bagdad, conocida como la Casa de la Sabiduría, fue presa del saqueo por parte de los mongoles en el año 1258 de nuestra era. Siete siglos y medio más tarde, en 2003, la Biblioteca Nacional de Irak sufrió un incendio durante la invasión estadounidense en el que se quemaron un millón de libros. Días antes, una multitud había saqueado el recinto y se había llevado libros antiguos de Averroes y Avicena, entre otros autores.

Poco antes, en 1992, la Biblioteca Nacional de Sarajevo había sido incendiada en un ataque premeditado de la artillería serbio-bosnia. El fuego fue también el responsable de la destrucción de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en el curso de la guerra librada entre Inglaterra y su entonces colonia.

En España, la Guerra Civil hizo desaparecer las bibliotecas que poseían en Madrid escritores como Pío Baroja, Juan Chabás y Pedro Salinas, entre otros. Jesús Marchamalo relata en su obra Las bibliotecas perdidas cómo Vicente Aleixandre tuvo que abandonar su domicilio, y con él sus queridos libros, en una Ciudad Universitaria convertida en frente de guerra al comienzo de la contienda.


Le pidió a su amigo Miguel Hernández que le consiguiera un salvoconducto para ver si la casa se había librado de los bombardeos. No fue así. Hernández llevó a Aleixandre en un carrito de frutero calle Reina Victoria abajo -el Nobel siempre estuvo aquejado de una salud frágil- y juntos comprobaron que allí no quedaban más que las cenizas de sus libros.


Fuente bibliográfica
Breve compendio de bibliotecas perdidas. ELMUNDO [en línea], 2016. [Consulta: 9 octubre 2016]. Disponible en: http://www.elmundo.es/cultura/2016/09/19/57e02facca4741426e8b4668.html. 
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