28 oct. 2009

Antes te quemaban vivo


José Saramago: 'Las cuentas con Dios no son definitivas'

El escritor José Saramago vuelve a ocuparse de la religión en 'Caín', su nueva novela, que se publicará en octubre, en la que redime a su protagonista del asesinato de Abel y señala a Dios "como el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido".

Será en Lisboa, en su presentación mundial, donde el Nobel hable por primera vez de su nuevo libro. Pero desde su casa de Lanzarote, donde pasa el verano aunque ya prepara las maletas para volver a Lisboa, ha explicado a Efe a través del correo electrónico que lo que ha querido decir con 'Caín' es que "Dios no es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?"

Casi veinte años después de su discutido 'El evangelio según Jesucristo', que fue vetado por el Gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literatura, el Nobel luso hace un irreverente, irónico y mordaz recorrido por diversos pasajes de la Biblia pero no teme que vuelvan a crucificarle.

"Algunos tal vez lo harán -explica Saramago-, pero el espectáculo será menos interesante. El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro".

José Saramago no considera este libro su particular y definitivo ajuste de cuentas con Dios -"las cuentas con Dios no son definitivas", dice-, pero sí con los hombres que lo inventaron.

"Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él", explica el autor.

El dramaturgo niega que la cercanía de la muerte, hace ahora un año debido a su enfermedad, le hiciera pensar más en Dios. "Tengo asumido que Dios no existe, por tanto, no tuve que llamarlo en la gravísima situación en que me encontraba. Y si lo llamara, si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?"

Y continúa Saramago: "Moriremos cuando tengamos que morir. A mí me salvaron los médicos, me salvó Pilar (su esposa y traductora), me salvó el excelente corazón que tengo, a pesar de la edad. Lo demás es literatura, y de la peor".

Fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/27/cultura/1251370865.html

"Te condenamos a ti, Miguel Servet, a ser atado a una estaca y quemado con todos tus libros hasta reducirte a cenizas"

El 27 de octubre de 1553 murió Miguel Servet en la hoguera, condenado por el gobierno Calvinista de Ginebra. La condena se produjo en estos términos:

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

Servet, aterrado, suplicó uan muerte menos feroz.
Ardió a fuego lento. (Calvino dijo luego haber intentado que lo decapitasen)

De entonces data una hermoasa frase de Sebastien Castellionsobre este episodio. Desengañado de Calvino -que lo llamó "intrumento escogido de satán"- escribió bajo pseudónimo “De haereticis”, que es el primer tratado conocido contra la persecución religiosa.

Allí dice:

"Matar a un hombre -dijo sobre servet y Calvino- no es defender una doctrina. Es matar a un hombre (...) No se prueba la fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella".


Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, la figura de Miguel Servet se distingue como mártir de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas, cualesquiera que éstas fuesen, en abierto desafío a cualquiera que quisiese coartarla.


27 oct. 2009

Leer o no leer

por María José Hernández Lloreda



Aunque nuestro compañero José Francisco Zamorano lo podrá explicar mucho mejor, está bastante aceptado que lo que más nos diferencia de otras especies es la cultura 1, entendiendo la cultura de forma muy amplia como el conjunto de todo tipo de conocimientos que va acumulando la especie y transmitiendo a las generaciones siguientes. Para ello disponemos de algunos mecanismos fundamentales: la imitación, la memoria y el lenguaje. En otra ocasión volveremos a los dos primeros, aquí voy a centrarme en el tercero.

Nadie negará que en nuestra especie el lenguaje oral ocupa un lugar privilegiado. A través de él hemos ido acumulando y transmitiendo conocimientos que van desde aspectos básicos para la supervivencia como hábitos de higiene, formas de elaborar los alimentos, construcción de herramientas… hasta aspectos aparentemente tan poco útiles como el pensamiento filosófico o el arte. Y en ese afán porque el conocimiento no se pierda, inventamos la escritura. Sin duda, uno de los mayores logros de la humanidad. Pero tiene un pequeño problema, así como el lenguaje oral se aprende sin ningún esfuerzo, sólo con el contacto con nuestros congéneres desde el momento del nacimiento, el lenguaje escrito es trabajoso y, aunque nosotros mismos lo hemos creado, como especie no venimos preparados para aprenderlo de forma espontánea y fácil. Sin embargo es necesario.

En muchas sociedades actuales, el dominio del lenguaje escrito se ha convertido en una condición necesaria para la supervivencia de los individuos. Por eso, las sociedades “ilustradas” se han tomado muy en serio erradicar el analfabetismo. Todo el mundo debe saber leer y escribir. Hasta ahí todos de acuerdo. Y también se considera un bien social que, además de saber leer y escribir, se pueda acceder a otros logros culturales (matemáticas, física, biología, historia…) a los que se llega fundamentalmente a través del lenguaje escrito.

Así que nadie discutiría el lema de que “leer es muy importante”. Pero cuando se escucha el mensaje automáticamente se piensa en leer “libros de literatura”, más que nada por el empeño de las sociedades en que los niños, adolescentes y jóvenes lean “libros”.

Yo cada vez veo menos nítido cuál es el objetivo que se persigue, ni si tiene mucho sentido este empeño. El problema proviene de confundir el papel que saber leer y escribir cumple en una sociedad que se comunica de forma generalizada a través de ese medio con leer como actividad relacionada con el arte. Voy a hacer una descripción un tanto burda y nada formal de diferentes niveles de habilidad lectora que proporcionará un marco general en el que explicarme.

En primera instancia tenemos el nivel básico para no ser analfabeto, para llegar a comprender textos sencillos como instrucciones, letreros, avisos… El nivel que te impide quedar aislado. En una sociedad como la nuestra este objetivo podemos considerarlo conseguido. Incluso con el uso de las nuevas tecnologías, lejos de leer y escribir menos, los jóvenes de hoy en día lo hacen mucho más. Incluso en poblaciones que podemos considerar marginales, los adolescentes tienen móviles y conexión a Internet, así que leen e incluso escriben a un nivel que les sirve para comunicarse perfectamente.

Un segundo nivel sería aquél que permite una compresión un poco mayor que alcanzaría a escritos de divulgación general, periódicos, novelas ligeras… Creo que como en el caso anterior, las nuevas tecnologías están ayudando a que este proceso sea más generalizado que en las generaciones anteriores.

En el tercer escalón tendríamos el del lenguaje especializado, en que uno es capaz de entender temas de cierta complejidad en un área de conocimiento, para lo cual además de la propia lengua es necesario aprender un lenguaje nuevo. En cierto modo, todos somos analfabetos cuando leemos temas de los que no tenemos mucha idea.

Por último, estaría el de la capacidad para entender el uso literario del lenguaje. Es decir, donde el lenguaje en sí mismo es el estímulo, sin necesidad de nada más. Es el nivel en el que podemos disfrutar del uso y transformación que algunos de nuestros congéneres han conseguido hacer con el lenguaje escrito. Donde el contenido es importante pero no tanto como la forma en la que éste se transmite.

En un sentido estricto quizá no se esté transmitiendo mucha cultura, ni mucho conocimiento, pero es curioso porque es a través de él donde pueden transmitírsenos sensaciones y visiones del mundo y de la vida que difícilmente pueden realizarse mediante el uso más formal del lenguaje escrito.

El afán por el fomento de la lectura, obviamente parecería que está dirigido al último nivel. Porque no hay duda de que los jóvenes saben hacer perfectamente uso de los otros tres niveles cuando les es necesario. Y si desde tantas instancias se insiste en su importancia (aunque con una doble moral, porque luego se elimina cada vez más de la enseñanza reglada) debe ser porque es importante.

¿Es importante? Cada vez lo veo menos claro.

Si la literatura es importante debe ser porque aporta algo al ser humano diferente a lo que le aporta un videojuego o la televisión. Si no, ¿qué más da un medio que otro? Es indudable que la literatura utiliza un código distinto y que si se consigue descifrar proporciona un tipo de conocimiento y, por qué no, un tipo de placer diferente. Así que está bien que todo el mundo que quiera pueda acceder a él. En los primeros intentos por entusiasmar a los alumnos con la lectura se pensó que con métodos más didácticos los alumnos conseguirían placer leyendo los textos clásicos y las grandes obras literarias contemporáneas.

Pero la realidad parece no querer darnos la razón, la tarea resulta difícil. Así que si la montaña no viene, pues nosotros vamos a la montaña. Basta con sustituir los libros de literatura, por los libros que les gustan y les producen placer, al fin y al cabo son libros, ¿no? tienen tapas, hojas y letras formando frases. Lo importante es que lean.

Porque hay quien sigue pensando que de leer cualquier cosa luego se pasa a leer las grandes obras, lo importante es coger el hábito de la lectura. Sin embargo nadie hace extensivo esto a la música, nadie piensa que después de oír a Georgie Dann uno acaba escuchando a Bach.

Y es que en literatura pasa exactamente igual, leer literatura y leer pseudoliteratura son actividades independientes. Es decir, existen lectores que leen literatura y otro tipo de libros, que leen literatura pero no otro tipo de libros, que leen otro tipo de libros pero no literatura y los que no leen libros de ningún tipo. Y desde el punto de vista de la “alta cultura”, no veo la diferencia entre los dos últimos tipos de lectores. Y no lo digo yo, lo dice George Steiner: «Mi pregunta es la siguiente: un niño que ha leído todos los volúmenes de Harry Potter, ¿leerá luego La isla del tesoro, Los viajes de Gulliver, Oliver Twist, los clásicos? Mis colegas que han estudiado este fenómeno dicen que no, que los niños que hayan leído a Potter no leen después a los grandes clásicos. Y eso es triste.»

Comparto el diagnóstico, no que sea triste. Muchos niños hacen algo de deporte y eso no les lleva a querer preparase como para ir a las olimpiadas, y eso no es triste. No hay nada que nos haga mejores desde el punto de vista humano por leer literatura o no leerla. Lo que de verdad es triste es que nos estemos engañando, considerando que nos gusta la literatura porque leemos “El código da Vinci”. Y una prueba de esta mezcla es que haya un presidente que en Suecia hable de Larsson como si en Praga hablara de Kafka ¿No habría causado cierta hilaridad si hubiera hablado de la misma manera refiriéndose a la tierra de Pipi Calzaslargas? Y conste que ambas obras me parecen estupendas desde el punto de vista de la distracción y el entretenimiento.

Pero además, detrás de este mensaje lo que hay es el mismo mensaje que está acabando con la educación: lo importante es que se diviertan y que no hagan mucho esfuerzo no vaya a ser que abandonen. Craso error. El único aprendizaje que tiene éxito es el que requiere cierto esfuerzo.

No es verdad que las nuevas generaciones no lean porque les requiera esfuerzo y tiempo. Los juegos que triunfan por Internet o en el ordenador son los que tienen cierto nivel de dificultad, no tanto para que no consigan avanzar ni tan poco para que sea trivial. Y pasan horas y horas, las mismas que muchos de nosotros hemos pasado leyendo. No leen literatura igual que no lo hacían los jóvenes de otras generaciones, porque son placeres para iniciados y, como en todos los ámbitos de la vida, eso no interesa a cualquiera. Ni falta que hace.

Y por eso lo único que tiene sentido es la enseñanza de la literatura como la de las matemáticas, la de la física o la biología, que sólo producen placer en algunos de los alumnos y sólo a través de la dificultad que poco a poco se va venciendo. Y los demás deben ejercitarlas para conseguir cierta formación. Habría que quitar estos textos horribles y triviales que se han introducido para seducir a los jóvenes para que lean, que no lo han conseguido, y así quizá se consiga rescatar a los lectores de literatura de las generaciones futuras. Mostrarles las grandes obras que con el lenguaje han ido creando nuestros antepasados y a las que tienen derecho. Sólo en esos textos pueden llegar a descubrir qué puede darles la literatura que no les va a dar el cine o un videojuego, que les dan otros placeres igual de respetables. Y luego el que quiera continuar por esa increíble vía de conocimiento, que siga.

No creo que en épocas anteriores se leyera más literatura que ahora; se leían más libros (los libros de El coyote o las novelas de Corín Tellado) porque no había otras diversiones a mano. Pero aparecieron el cine y la televisión y ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras (menos en literatura).

Ahora la gente no suele leer para distraerse salvo que no tenga a mano otra cosa, porque hay otros medios que dan lo mismo de forma mejor, ¿qué diferencia desde el punto de vista del desarrollo personal o intelectual hay entre ver las películas de la serie Millenium, las de Harry Potter o leer los respectivos libros?, ¿qué diferencia entre leer a Corín Tellado o ver una telenovela? Pero el formato de libro parece que da cierto estatus a la lectura, independientemente del contenido. Nadie duda de que hay tebeos que desde el punto de vista artístico son mejores que la mayoría de los best-sellers, sin embargo no fomentamos la lectura de los tebeos, y sí nos damos por contentos con que se lea casi cualquier cosa.

Y lo verdaderamente triste es que esta pseudoliteratura, tanto la evidente (la mayoría de los best-sellers) como la menos evidente para el ojo no experto (la que no es Kafka pero que al que no le gusta la literatura le parece que sí, porque le aburre igual, y así ha llegado a la academia, a los premios nacionales…), ha desplazado a la literatura y ha dejado totalmente desamparado al lector activo del que habla Vila-Matas. En realidad es el único tipo de lector que existe, lo otro ha sido un espejismo que debemos reconocer como tal. Cuando afirma: «Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla» creo que se equivoca. No fallan los escritores y los lectores activos, falla el sistema de editoriales, críticos, académicos… que les han cortado las vías de comunicación, habiendo allanando todo el camino para el lector y escritor pasivo.

Así que la única esperanza para la literatura es que el formato deje de confundirnos y nos demos cuenta de que bajo la apariencia de libro no siempre se oculta un libro. Tomarnos en serio que debemos transmitir el legado que nos dejaron las generaciones anteriores a aquellos iniciados que quieran disfrutar de un placer que no se puede alcanzar sin esfuerzo, pero que una vez conseguido puede compararse a pocos, porque permite ver a través de los ojos de otro.

Ah, y no menos importante, dejar que la diversión la elija cada uno donde quiera. Fuente: http://librodenotas.com/elojoqueve/17055/leer-o-no-leer
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El libro en la era del blog



POR LUIS FELIPE LOMELÍ


Es tristísimo ver una videoteca en formato VHS. O, peor aún, Beta. Sabes que ahí hay un montón de películas maravillosas pero, también, que es casi imposible verlas. De modo que ahí está como un elefante blanco, como una reliquia de museo pues el cambio tecnológico llegó rapidísimo.

Cambiar los formatos de la tecnología que almacena información es un negocio. Obliga, de algún modo, a que todos vuelvan a hacer el gasto y se actualicen. Siempre se promete una tecnología mejor y más barata. Así, las videotecas pasaron de las latas de cinta a los casetes Beta, VHS, luego vinieron los Laser Disc, los VCD y ahora los DVD. Sin embargo, fuera de las latas de celuloide, los formatos intermedios se han ido volviendo obsoletos, inservibles. Lo que hace pensar si realmente fue mejor y barato actualizarlas.

Es imposible predecir el futuro, lástima. Y era imposible saber si el celuloide iba a desaparecer o no, o si el VHS iba a estar con nosotros por un siglo. Ahora, con el internet, seguido corren versiones de que van a desaparecer los libros y hay que copiar todo lo que se tenga a formato digital antes de que sea demasiado tarde. Pero, como con el video, vale la pena reflexionar. Así, las preguntas son dos: ¿es deseable tener bibliotecas digitales?, ¿qué pasará con los libros impresos?



Las bibliotecas digitales

Adelanto mi conclusión: las bibliotecas digitales no sólo son deseables, ya son necesarias y urgentes. No se trata de reducir los costos de almacenamiento de libros (los costos de almacenamiento digital y actualización son mucho mayores) sino de que los estudiantes, investigadores y ciudadanos en general seamos capaces de competir en un mundo donde la información fluye de forma mucho más rápida.

Para poder decidir –desde cuestiones domésticas hasta cuestiones industriales– es necesario conocer. Y para conocer se requiere información. Verdad de Perogrullo: quien tiene información más rápido puede decidir más rápido. Así, son necesarias una serie de acciones por parte de los gobiernos e instituciones educativas para que las bibliotecas digitales funcionen.

En primer lugar, deben de existir. Y deben de ser públicas. Cierto es que existen algunas pero su acervo de libros electrónicos es reducido y, en algunos casos, el acceso es restringido. De modo que debe incrementarse el acervo y ha de existir por lo menos una gran biblioteca pública digital, digamos, de la SEP.

En segundo lugar, para incrementar el acervo, se debe hacer un trabajo (sí, monumental) para digitalizar libros, tesis y artículos existentes y legislar sobre la digitalización total o parcial de los futuros. En este punto entraría el problema de los derechos de autor (que siempre les importan más a las editoriales y distribuidoras que a los autores) pero, como trataré de explicar más adelante, no es un problema sin solución y siempre se puede empezar digitalizando lo que ya existe y no tiene problema de derechos. Por ejemplo, digitalizar el acervo total o parcial de las publicaciones oficiales (SEP, FCE). Más aún, de poco sirve una tesis encuadernada y empolvada en algún lugar recóndito de una biblioteca universitaria; es necesario publicar digitalmente las tesis de licenciatura y posgrado justo después del examen de titulación (lo que, aparte, también ayudaría a evitar fraudes).

Asimismo, sería maravilloso que los muchachos del Sistema Nacional de Investigadores y el Sistema Nacional de Creadores tuvieran la pequeña obligación extra de contribuir con un par de artículos anuales de su especialidad para la creación de una enciclopedia mexicana en red (una Wikipedia mexicana más rigurosa que la existente Wikipedia).

En tercer lugar, pero no menos importante, es necesario incrementar los proyectos de internet público gratuito (Guadalajara en red, el proyecto del GDF, etcétera) y dotar a las bibliotecas físicas existentes de mejores y más grandes espacios con computadoras. Pues de poco sirve que existan las bibliotecas digitales si pocos tienen acceso a ellas.

Por último, sería conveniente desarrollar sistemas de almacenamiento y búsqueda propios y públicos para que el sistema educativo del país no dependa del futuro de grandes corporativos como Google.

Ahora bien, es posible que lo anterior haga pensar que el libro físico va a desaparecer y nos encontraremos con un mundo totalmente diferente. No lo creo.



El libro

El medio es la forma. Diferentes medios tecnológicos han favorecido diferentes géneros literarios. Así, en épocas pretecnológicas las formas de literatura fueron el relato oral y la poesía. El relato oral, tradición en que sobresalen los musulmanes, tiene la ventaja de que cada orador puede cambiarlo a gusto y conveniencia y según sea la reacción de su público. Por su parte, la poesía tenía la ventaja, al tener rima y métrica, de ser fácilmente recordada para que el declamador fuera de pueblo en pueblo recitándola.

Después, con la infraestructura de los reinos comerciales y militares más establecidos, vienen las megaproducciones de antaño: el teatro. Ya fuera en el Japón medieval o en Europa, los artistas sacaron provecho del dinerito extra de los reinos. Posteriormente viene la imprenta de tipos móviles que permite la proliferación de un nuevo género, más barato que el teatro y que no requiere ni buena memoria ni ser un gran cuentacuentos: la novela. Luego viene el rotativo en el siglo XIX que promueve las publicaciones periódicas y, con esto, las novelas “por entregas” y los cuentos.

La historia continúa con la radio (que en México tiene un desarrollo único pues lo primero que se transmitió no fue ni una noticia política ni meteorológica sino un poema estridentista), con el cine (Hollywood, Bollywood, Época de Oro mexicana, etcétera) y con la televisión. La radio permitió, entre otras, la creación de la radionovela. El cine, aunque con múltiples variables, se decantó por la película de ficción de alrededor de 120 minutos. Mientras que en la televisión se crearon dos expresiones únicas: la telenovela y la miniserie.

En todos los casos la tecnología (el medio) generó una expresión narrativa particular (la forma). Pero, por más fatalistas que hayan sido las visiones en cada época, ningún avance tecnológico terminó eliminando una forma existente, sino que las incorporó y una novela se hizo obra de teatro, un cuento película, una película libro, etcétera.

Internet habría de dar, por supuesto, una forma de expresión narrativa particular. Y ya la tenemos: el blog. Además, como menciona Michael Collier de la Universidad de Maryland, internet también ha resucitado la poesía.

Más aún, ya hay blogs que se hacen libros. Este es el punto más importante de la historia: por más que el blog esté en la red y parezca que va a ser de acceso gratuito siempre, resulta que hay quienes prefieren leerlo impreso, de la misma forma que se puede preferir leer impresa la poesía o la novela después de ver la película.

El libro tiene ventajas tecnológicas inigualables. Aparte de que lo podemos llevar casi adonde sea y se lee más a gusto que en una pantalla, es la forma de almacenamiento de información más eficaz que hemos inventado después de la inscripción en piedra. Y es que el libro, a diferencia de otros medios, sólo requiere tecnología para almacenar la información pero no para extraerla. Para esto sólo se necesita saber leer pero ningún aparato (salvo, en casos, unos anteojos). De modo que lo que está almacenado en libros sigue siendo útil para el lector sin importar los cambios tecnológicos, a diferencia de los casetes VHS.

Así, si internet permite publicar y distribuir como nunca antes (de forma más democrática, con menor censura, mayor alcance), lo más probable que suceda es lo que ya pasa y ha pasado: proliferarán las publicaciones y los autores en la red, de forma similar a cuando apareció el rotativo, pero sólo algunos de estos verán sus escritos publicados en un libro (como sucedió con algunas crónicas, artículos, cuentos y novelas publicadas en periódicos). Los autores ya ven las ventajas de la autopublicación en red sin censura, mientras que las editoriales han de aprovechar las ventajas de la difusión y distribución.

Por ejemplo, las editoriales pequeñas y/o especializadas, como ha hecho la de la Universidad de Michigan, pueden optar por la publicación en internet más la impresión por encargo (para lo que habría que resucitar el sistema postal, confiable, barato y público en la mayor parte del mundo). El negocio seguirá siendo el mismo: vender libros. Nadie va a leer Los miserables en la red ni lo va a imprimir en su casa si es más barato comprar el libro, ya sea en una librería o por correo. Pero sí puede empezar a leer Los miserables y luego, ya que le gustó, comprarlo. Las editoriales pequeñas por fin tienen la oportunidad de tener una difusión similar a la de los grandes corporativos editoriales, y los grandes corporativos por fin tienen una forma fácil y rápida de hacer una gran difusión.

Por supuesto, todo tiene sus costos. Publicar un libro completo en internet significa que hay gente que no lo comprará sino que lo leerá ahí, como antes lo leía en una biblioteca. Y serán muchos los que no lo compren. Pero, también, serán más los que lo lean y esto acarreará mayor venta de libros. Ya se sabe: los habitantes de un país con una red extensa de bibliotecas compran más libros que los de uno sin bibliotecas. En la era de la fotocopiadora, uno sólo fotocopiaba el libro si este no se podía conseguir o si sólo se requería una parte de él. Pero, aun en el peor de los casos, alguien leía parte del libro y, si le gustaba, le contaba a sus amiguitos: difusión y promoción de un autor a precio de fotocopia (mucho más barato que las sesiones de entrevistas y presentaciones). La publicación de libros en internet sí que afectará a la industria de fotocopiadoras, pero no a la de la venta de libros. Así, tampoco hay un problema de derechos de autor pues la gente no sólo seguirá comprando libros sino que comprará más.

Internet, a diferencia de la difusión por fotocopia, tiene la ventaja de que es cuantificable y deja rastro. Antes, para un editor era casi imposible saber cuántas fotocopias, y dónde, se hacían de un libro que estaba mal distribuido. En cambio, con internet se puede saber cuántos clics se dan a un libro publicado en la red y desde qué lugar del mundo, de modo que el editor puede saber cuántos ejemplares imprimir y adónde mandarlos, teniendo con esto un análisis de mercado baratísimo y reduciendo costos de almacenamiento de libros impresos. Más aún, internet también reactiva el negocio de libros maravillosos que, sin embargo, tienen ventas bajas, pues puede incorporar la impresión de un ejemplar por pedido (negocio más reducido pues la verdadera ganancia está en el volumen).

La gente de las editoriales, en su mayoría, aún sigue renuente a esto y les parece atroz: ¡cómo es que voy a publicar los libros gratis en la red! Es la llamada “resistencia al cambio tecnológico”, a ver las amenazas y no las ventajas. Tampoco ven, a pesar del éxito de Amazon, que su trabajo ahora es promover que haya buenos sistemas postales que entreguen de forma rápida y barata un libro después de comprarlo en la red.

Tal vez lo que se necesita es que ya aparezca el primer gran best seller de un blog para que las editoriales se den cuenta de que la publicación gratuita en la red no significa perder el negocio sino incrementarlo. Falta poco. ~ Fuente: http://www.letraslibres.com/index.php?art=14129

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26 oct. 2009

Tinta electrónica


La inminente venta de Kindle en España anima a las editoriales a publicar sus novedades en Internet y a un precio más barato que en papel


Hace dos años Latasa vendió 300 lectores electrónicos, el pasado año fueron 3.000, y en éste rebasará los 7.000. Después de cuatro años Latasa ve que su librería online leer-e comienza a despegar. El ebook será el regalo estrella de las navidades.

Hechos como la llegada el lunes del Kindle a España animará al público a comprarse un reproductor de libros (hay una docena de modelos) y, no menos importante, anima a las editoriales españolas a colocar en Internet su fondo editorial y, sobretodo, las novedades. De pronto, todo el mundo cree en el futuro del libro digital. ¿Todos? Todos no. Steve Ballmer, el jefe de Microsoft, se pregunta: "¿Para qué queremos unereader si ya tenemos un PC?".

Para sacar de dudas a Ballmer y a otros lectores despistados, hay que aclarar que el
ebook pesa 200 gramos, el PC no baja del kilo; el ebook no cansa la vista, el uso continuado del PC sí; el lector electrónico se saca en el metro o en el desierto, un PC, mejor no. Las pilas del PC duran 7 horas, las del ebookmeses.....Nada tiene que ver un lector electrónico (el llamado ebook, o mejor dicho ereader), con un PC o un teléfono móvil 3G. Cuando se lleva cierto tiempo leyendo en uno de esos ordenadores te pican los ojos. Por eso la gente sigue imprimiendo en cuanto un informe supera la media docena de páginas y por eso, pese a lo que se preveía en los inicios de Internet, los textos en la Red suelen ser más cortos que en un periódico.

El milagro de la pantalla que no daña los ojos salió del Medialab del MIT en 1997. La tecnología de E Ink, a diferencia de las pantallas LCD, TFT o plasma no emiten luz, sino que la reflejan, igual que el papel.

Por contra, su resolución es limitada para ver una foto o un vídeo, aunque perfecta para reproducir el negro sobre blanco del papel y la tinta. Su resolución habitual de 800x600 le da unos 160-170 puntos por pulgada, cuando un libro de bolsillo se imprime a unos 150.

La amenaza pirata

Un libro de bolsillo es para muchas personas difícil de leer, bien por su minúsculo cuerpo de letra, bien por su abultado lomo (que dificulta llevarlo en el bolso); ambas inconveniencias las elimina el ereader. Pesa unos 200 gramos y la letra se ajusta a la necesidad del lector, algunos incluyen la función speech, el aparato te lee en voz alta.

De momento la desventaja del producto son los 200 euros que hay que pagar, aunque no tardará en bajar. Las otras desventajas no son de él, sino de la industria editorial que le rodea.

"Todavía no se pueden comprar en Internet bestsellers en español, pero los habrá o se piratearán. Las editoriales tienen la palabra. Ya han visto lo que ha pasado con la música", avisa Latasa, director de la librería online Lee-e. Con cuatro años en Leer-e, Latasa confía en la popularidad del libro electrónico. "Los que más vendemos son Bookin e iRex, y precisamente el modelo más grande, el de más prestaciones". ¿El resultado? "La gente está encantada y lee muchísimo más".

Latasa no se asusta por la llegada del Kindle a España. "De momento va a animar el mercado y no va a suponer ninguna amenaza para la industria editorial, siempre que la industria se ponga las pilas". En ello andan.

Una de las pioneras es Carmen Balcells, detentadora de los derechos de los principales escritores hispanos. Su veteranía y su asentada posición no han sido obstáculo para colocarse en vanguardia en Internet con su colección Palabras Mayores. Por cinco euros te descargas alguna obra de Delibes, Goytisolo o Vargas Llosa, lo más actual de novela hispana que se encuentra en Internet legalmente. Aún así hay que buscar en las tiendasonline Leer-e o Mobipocket para encontrarlos.

A la iniciativa de Leer-e se añaden las de Mondadori o Planeta y otros grandes grupos, con su propio sitio para comprar los autores de su propia cuadra, en un movimiento que recuerda a los portales que cada gran sello discográfico fue creando por su cuenta. La aventura ya se sabe cómo acabó: triunfo del pirateo por un lado, y de la tienda iTunes -donde se encuentra casi todo- por otro. "Y piratear libros es mucho más fácil que una canción", advierte Latasa. El texto de una novela pesa menos que una fotografía.

Distribuidora común

Para intentar limitar el minifundismo, a primeros de diciembre irrumpirá en el mercado una plataforma global de muchas editoriales españolas. Se aglutinan en torno al nombre 36L, aunque finalmente la marca comercial será otra.

Toda su obra es con formato ePUB y su lema, "ni exclusivos ni cerrados". Bajo esos principios pretenden poner de acuerdo a un buen número de editoriales de medio tamaño, como RBA o Tusquets.

Cualquier lector electrónico de cualquier fabricante podrá descargarse libros en la plataforma de 36L, siempre que tenga el sistema ePUB.

La fuerza de esta distribuidora (no pretende ser editorial ni tienda) dependerá del número de sellos que se sumen y en las obras actuales que ofrezcan.

Para las editoriales, Internet es la solución a su gran lastre comercial: los stocks y la devolución (el librero siempre puede devolver los ejemplares). Sólo deberán preocuparse por los derechos de los autores y por que su compensación en la Red no sea inferior a la actual.

Los promotores de 36L aseguran que, por primera vez, habrá best sellers a disposición del público estas navidades, a un precio inferior al libro de tapa dura, en torno a los 9,99 euros.

Pero el cambio que va a su poner el ebook no afectará sólo al lector o a la industria. También cambiará la forma de crear. El autor podrá escribir obras con enlaces a Internet; el lector podrá elegir personajes o el final de la trama; también, gracias a la rapidez de Internet, podrá crear obras basadas en la actualidad o incluir a famosos.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/Tinta/electronica/elpepisupcib/20091015elpcibpor_1/Tes

23 oct. 2009

Virtualizacion de la Educación


Por: Jose Camilo Daccach T.

No hace muchos años se hablaba de la virtualizacion o digitalización de la música y sus efectos sobre la industria discográfica. Se veía venir el gran efecto que podría tener las tecnologías de la información y comunicación, entre ellas la Internet como gran medio de acceso, sobre la industria que por décadas había estado conformada con mucho éxito sobre los mismos pilares y modelo de negocio.

A muchos detractores de esta visión, el tiempo les comprobó que efectivamente el impacto de la Internet y sus tecnologías sobre la industria de la música sería devastadora para unos, y una oportunidad de negocio para otros. Sin embargo, los más afectados fueron quienes se quisieron quedar en el modelo anterior y no se adaptaron fácilmente al nuevo modelo.

En la Educación es probable que suceda algo similar. Tengo oportunidad de enseñar en varias universidades en el país y en el exterior, y el contacto con la tecnología me abre unas posibilidades enormes de "ubicuidad" que en forma presencial no las tendría. No soy experto en la enseñanza virtual, sin embargo he visto buenas posibilidades en la transferencia de conocimiento.

Hay que hacer unas salvedades fuertes en la comparación con la industria de la música. El producto, la posibilidad de reproducir digitalmente una obra musical en formato digital tiene la misma calidad del producto transmitido en formato físico (el CD). En la educación, el producto del que estamos hablando es la generación de la capacidad en el alumno para aplicar los conocimientos adquiridos. Tarea por demás difícil en el cara a cara, se hace también compleja en el medio virtual.

La dificultad se solventa con metodología, o por lo menos ese es el curso de acción recomendado. La metodología para la enseñanza virtual existe y se ha trabajado por varios años, con muy buenos resultados de donde se pueden sacar excelentes conclusiones. Sin embargo hay que tener en cuenta que el papel del profesor o tutor como se conoce en algunas metodologías, es más de acompañante que de transmisor de conocimiento, y exige también un cambio en los materiales y en la forma de entregar el conocimiento, donde ya no se hace en forma de cátedra, sino con múltiples medios audiovisuales.

El mayor potencial que se le ve a la aplicación de la educación por medios virtuales es la posibilidad de abarcar a precios irrisorios, un público que de otra manera no tendría oportunidad de acceder a la educación, o que de hacerlo, requeriría la construcción de muchas escuelas y universidades para abarcar la población merecedora.

La correcta conversión de medios (del aula de clase a una plataforma tecnológica para la enseñanza por medios virtuales) de los contenidos de cada materia, y el cambio de papel que juega el profesor para pasar de conferencista a acompañante son los cambios más radicales que exige este nuevo medio. Ya hoy son muchas las universidades que brindan formación virtual, con muy buenos resultados en sus egresados. Otra cosa es que en las empresas, donde se contratan estos egresados, den el mismo valor cualitativo al diploma obtenido por métodos virtuales, que el que le dan al diploma obtenido por métodos tradicionales.

Sin embargo ya se utiliza con muy buenos resultados, la metodología al interior de las empresas, en sus programas de inducción y capacitación interna. Las bondades son múltiples, desde la garantía que todos los estudiantes tengan el mismo acceso al contenido en la misma forma de transmisión, hasta la posibilidad de extender el alcance a muchas mas personas que de otra manera sería imposible o extremadamente costosa.

Se requieren también cambios en los alumnos, que por lo general están acostumbrados a que les "pidan la tarea", a ser más autónomos y automotivados. El alumno deberá aplicar su querer aprender sobre la plataforma para adquirir los conocimientos y las destrezas respectivas, y tendrá mayor responsabilidad en el resultado del aprendizaje, responsabilidad antes limitada exclusivamente al profesor.

Hay diferencias marcadas con la industria de la música, pero estamos convencidos que en el corto plazo, buena parte de la educación se hará en forma virtual, a través de la Internet, y que las instituciones educativas que no estén ya evaluando estas tecnologías y cambiando su modelo económico y pedagógico, se verán seriamente sorprendidas.

22 oct. 2009

Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido.

Paul Ambroise Valéry

Umberto Eco cree que el hombre es el enemigo de los libros y no Internet


Noticias EFE | 13/05/2009|10:57h
Los enemigos de los libros son "principalmente los hombres, que los queman, los censuran, los encierran en bibliotecas inaccesibles y condenan a muerte a quienes los han escrito. Y no, como se cree, Internet u otras diabluras", afirma el literato en una entrevista que publica hoy el diario turinés "La Stampa".

El escritor italiano Umberto Eco, uno de los intelectuales europeos de mayor prestigio, afirma que el principal enemigo de los libros no es Internet, sino el ser humano, que los censura y confina a bibliotecas inaccesibles.

"Internet enseña a los jóvenes a leer, y sirve para vender un montón de libros", añade.

Eco (Alessandria, 1932), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2000, apuesta por una estrecha colaboración de las nuevas tecnologías con la literatura y defiende la existencia del libro electrónico, conocido como "e-book", como forma de soporte de textos.

"Si a su manera el (libro electrónico) resulta legible, se puede hojear fácilmente, es manejable, capaz de ser leído aunque no se tenga la batería totalmente cargada y, sobre todo, si ésta es duradera, se podrá hablar" del "e-book" como una alternativa, comenta Eco.

"Aún (no he usado ninguno) -continúa-, pero si, por cualquier trabajo, tuviera que transportar diez mil páginas de documentos, lo usaría con mucha satisfacción. Para leer una novela no lo sé. Para mí es importante mojarme el dedo para girar la página".

El escritor italiano asegura que el libro electrónico puede atraer nuevos lectores, de hecho, comenta que ha sabido de un "hacker" informático que comenzó a leer el "Quijote" de Miguel de Cervantes gracias a este soporte digital.

Según Eco, Internet es la "madre de todas las bibliotecas", aunque ofrece dos principales diferencias con respecto a los tradicionales lugares de conservación de libros.

"Primero, los libros de una biblioteca muestran, a través del nombre del editor, su grado de credibilidad, y los sitios de Internet sin embargo no", explica el escritor.

"Segundo -añade-, Internet ofrece también colecciones completas de grandes obras, pero sólo en traducciones libres de derechos (de autor) y no en la más reciente edición crítica. Por eso no va bien para muchas investigaciones de tipo filológico".

20 oct. 2009

¿Ocaso o amanecer del bibliotecario?

Por: Catuxa Seoane García

Estamos sin duda ante una nueva época en dónde los bibliotecarios y los documentalistas somo más necesarios que nunca, por un lado para que los inmigrantes digitales puedan perder su acento extranjero y navegar entiendo y haciéndose entender por las redes sociales (alfabetización informacional), y por otro lado para que los nativos digitales aprendan a discernir y valorar la calidad y pertinencia de la información que circula en estos nuevos escenarios.

Dos misiones y funciones que deben formar parte de las tareas del bibliotecario 2.0 siempre completadas con una tercera: la de dinamización de la comunidad en estos entornos digitales.

En el tiempo disponible partí de las habilidades y actitudes establecidas por David Lee King propias de un bibliotecario 2.0 para convencer a los profesionales presentes que deben escoger entre renovarse o extinguirse, siguiendo la tradicional evolución darwiana (solo sobrevivirán los más fuertes) y aportar algunos ejemplos de servicios y aplicaciones propias de la web social que ya estamos desarrollando (y con éxito) en las Bibliotecas Municipales de A Coruña.

Nieves González también ha publicado su punto de vista de las jornadas y ya podemos disfrutar de su divertida presentación “Los Ninjas de la Web 2.0″ en donde hace un magistral paralelismo entre el papel del bibliotecario y los ninjas de gmail(bibliotecarios de cinturón blanco, verde, y negro y los muy pocos que alcanzan la categoría de maestro)



La biblioteca en el bolsillo


"El libro electrónico reduce los inconvenientes de los libros de papel: siempre será mucho más aséptico y liviano un novelón en tarjetita electrónica que dos mil páginas sobadas por distintos lectores y expuesta al polvo de las estanterías."
Cuando vi que mi amigo Antonio G., profesor de Filosofía, amante de los libros, casado con una bibliotecaria, estaba leyendo concentrado y feliz en un libro electrónico, se me abrieron las carnes, expresión que utilizo aquí y ahora por primera vez porque siempre la consideré demasiado gráfica y hasta vulgar. Pero es que fue eso más o menos lo que sentí. Un desgarro en el estómago, o en el alma, la sensación de que toda una etapa se quedaba atrás, como la infancia, los carruajes de caballos, los discos de vinilo, las diapositivas o las películas de súper-ocho... ¡Ya han llegado! ¡Están aquí; lo tiene ya alguien cercano! ¡El principio del fin de los libros de papel!
Parecía que lo de los libros electrónicos era una amenaza lejana y poco probable, un invento de ciencia-ficción, poco práctico y con muchas limitaciones, que no convencía a nadie. Vamos, que no llegaría la sangre al río, ni a las gentes normales y corrientes, que nunca se podrían superar las ventajas inigualables del formato libro…
Pero sí. Mi amigo estaba inmerso en algo semejante a una carpeta, tamaño cuartilla y grosor insignificante. No tenía cables, ni luces, y la pantalla simulaba muy bien una hoja de papel, sin centelleos ni distorsiones, a la que incluso se le podía virtualmente doblar una esquina para dejarla como señal de lectura (hecho que yo aborrezco absolutamente). Leía la novela póstuma de Roberto Bolaño,2666, un libro de 1.126 páginas reducidas a la dimensión de una docena. Además, podía poner el tamaño de la letra a su antojo, podía subrayar un párrafo, o hacer algunas anotaciones en el margen. Como era un modelo algo antiguo y muy elemental, me dijo, no podía buscar sobre la marcha de la lectura una palabra en el diccionario, ni tampoco se conectaba a Internet.
Era simplemente un soporte electrónico, treinta horas de autonomía, que apenas pesaba y que llevaba en su interior más de dos mil títulos, y no solo el novelón de las mil y pico páginas de Bolaño. Han leído bien. ¡Dos mil títulos concentrados en una tarjetita recambiable semejante a las que tenemos en los teléfonos móviles! Imaginen en su poder unas cuantas tarjetitas guardadas en una caja de galletas inglesas, o en un cofrecito, y tienen en casa, sin que ocupe espacio y sin que se note, una buena parte de la Biblioteca Nacional…
Los negocios de las editoriales tal y como hoy las concebimos tienen los días contados y me imagino que pactados. Nuestros bosques tienen un futuro mucho más optimista aunque las industrias papeleras se encarguen ahora de fabricar sustitutos a las contaminadoras bolsas de plástico. El mundo empresarial se reajustará, no cabe duda… Y nosotros, los lectores, nos acostumbraremos al nuevo formato de los libros como nos hemos acostumbrado al móvil, al procesador de textos, o a acumular cientos de fotos que casi nunca volvemos a ver en los discos del ordenador.
Acabo de oír por la radio mientras escribo esto que los libros electrónicos, a los que se refieren con el anglicismo -casi siempre invasores, los anglicismos- de e-book (léase ibuc), estarán en el 2018 tan extendidos como las calculadoras o los MP3. Y sí, pueden tener muchas ventajas: pienso en los jóvenes que viven en las soluciones habitacionales, a los que siempre compadecí porque en espacio tan reducido no tenían cabida alguna los libros; también pienso en los escolares, que ya no tendrán que partir sus libros de texto en trozos para que sus espaldas no sufran ni tendrán que llevar abultadas mochilas.
En un libro electrónico caben todos los libros de la ESO, del Bachillerato y de la carrera que elijan juntos. Se acabaron los viajes, con la maleta llena de libros que no hay quien la mueva... El libro electrónico reduce los inconvenientes de los libros de papel: siempre será mucho más aséptico y liviano un novelón en tarjetita electrónica que dos mil páginas sobadas por distintos lectores y expuesta al polvo de las estanterías. Y mucho más barato. Pero, ay, qué pena asistir al destronamiento de los libros de papel. Qué pena sentirlos antigüedades, objetos de culto, rarezas. Perder sus olores, y sus formas, y su tacto cálido. Perder la visión acogedora de sus lomos alineados en el estante y la inmediatez de su consulta. En nada, las librerías cambiarán de apariencias y las bibliotecas se acercarán a la idea de museo.
Por eso se me abrieron las carnes cuando vi a mi amigo leyendo tan feliz en un artilugio electrónico.
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